Hablar de la literatura valenciana del siglo XIX es, inevitablemente, hablar de Eduard Escalante (1834-1895). Su obra no solo definió un género, el sainete (sainet), sino que se convirtió en el archivo sonoro y visual de una ciudad que se debatía entre la tradición agrícola y la expansión urbana.
Descubrir a Escalante es asomarse a una ventana abierta a los patios de vecinos, las barberías y los mercados de la Valencia de hace más de cien años.
El sainete como espejo social
La maestría de Escalante no residía en la complejidad de sus tramas, sino en la agudeza de su oído. Fue capaz de captar el habla del pueblo, con sus giros, sus barbarismos y su gracia natural, y elevarla a la categoría de arte dramático.
Sus obras se caracterizan por tres pilares fundamentales:
- El realismo costumbrista: Retrató las clases populares con una fidelidad asombrosa. Desde los pescadores del Cabanyal hasta los artesanos del Carmen.
- El conflicto de clases: A menudo, sus tramas exploran la tensión entre los que quieren «aparentar» ser de una clase superior (els vull i no puc) y la cruda realidad económica de la época.
- El humor satírico: Utilizaba la risa no solo como entretenimiento, sino como una herramienta para señalar los vicios, las hipocresías y las debilidades humanas.
Obras fundamentales: Un recorrido por su legado
Aunque su producción fue vasta (casi un centenar de piezas), algunas obras destacan por haber moldeado el imaginario colectivo valenciano:
- «La gente de trueno»: Una de sus obras más celebradas, donde se despliega toda la picaresca y la energía de los personajes de barrio.
- «Tres forasters de Madrid»: Un ejemplo perfecto de la sátira sobre el choque cultural y lingüístico, y la crítica a la fascinación por lo foráneo frente a lo propio.
- «Bufar en caldo gelat»: Una pieza que disecciona con maestría la figura del presuntuoso, aquel que intenta mostrar una posición social que no posee.
- «Les criades»: Donde pone el foco en la vida doméstica y las jerarquías sociales dentro del hogar, siempre con ese ritmo ágil que caracteriza su teatro.
La lengua viva
El mayor mérito literario de Escalante fue la normalización del uso del valenciano en el teatro. En un momento en que el castellano era la lengua del prestigio y la cultura oficial, Escalante demostró que el valenciano era una lengua perfectamente válida, rica y necesaria para contar las historias de la gente. Su léxico es un tesoro para los filólogos, pues rescató expresiones que, de otro modo, se habrían perdido con el tiempo.
«Escalante no inventaba personajes; los sacaba de la calle y les daba un escenario para que siguieran siendo ellos mismos.»
Un autor eterno
Descubrir las obras de Escalante es entender que el teatro es, ante todo, un acto de identidad. A través de sus versos octosílabos y sus diálogos chispeantes, el autor consiguió que el pueblo valenciano se viera reflejado, se riera de sus propias desgracias y, sobre todo, se sintiera orgulloso de su forma de hablar y de vivir. Hoy, sus obras siguen siendo el referente absoluto para grupos de teatro que, como en el caso de las representaciones populares actuales, buscan conectar con la esencia de lo que fuimos para entender lo que somos.
