A mediados del siglo XIX, hacia 1848, Jean Félix Robillard, quien era el jardinero mayor del Jardín Botánico de Valencia, decidió comprar una extensión de terrenos pantanosos y poco productivos frente al mar. Su intención no era construir casas, sino crear una explotación floral industrial. Robillard saneó el terreno y plantó grandes extensiones de una especie específica de geranio: el Pelargonium capitatum, popularmente conocido como malvarrosa. Robillard utilizaba estas plantas para extraer esencias y poder crear perfumes en una fábrica que él mismo construyó allí. La belleza y la fama de «la huerta de las malvarrosas» de Robillard fueron tales que la gente empezó a llamar a toda la zona simplemente «La Malvarrosa«.
